Nunca debió amanecer aquel día gris en New York, jamas!!! debió amanecer para el pequeño Bobby que, queriendo realizar el sueño de tantos escolares, se metió en la jaula de los Osos Polares. Definitivamente, nunca debió amanecer.
Ahora, como no podia ser de otra manera, todo el mundo llora, Mr. Johnson echa la culpa a su señora. "Maldito el día en que se te ocurrió traer al niño, de paseo al Zoo de New York" repite el pobre hombre una y otra vez.
Por otro lado, el presidente de la compañía de seguros también llora desconsoladamente, por otras oscuras razones, claro.
Hasta parece que los pingüinos, en un rincón, no paren de llorar.
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